He vuelto

He buscado, contraído, la versatilidad de mi derrota, y he sentido el placer de desaprender. Ahora vuelvo, con el calor de un claro mensaje.

Lucha

Plagiaron mi alma, la vi en manos de un príncipe, entre la letanía de mi voz y la respiración de un anciano.
Nunca le di al alma un valor pignoraticio, como la savia que asciende, así me figuraba a mi espíritu.
Los espejos la encerraron, en una prisión infinita entre dos que se miran.
Mi salvaje rebudio no alcanzó la tela que disfraza la visión. Ahora no sé quien tira de las riendas.
Me entrego a mi pasión, bajo el manto sagrado de algún Dios extraño para sí mismo.
Imparcial, lujurioso. Suburbio doméstico, doctrina exagerada. Piso el piso en el aire de cada mañana. Como greda se embarra en mi y me atrae, como melaza escondida.
El Mengue de algún paraíso que se disfraza de moral, empuja mi cuerpo hacia el todo carente de final.
Y ahí me encuentro, salvando la distancia entre lo que imagino y lo que toco. Quizá dejé en algún tiempo, la fuerza, en alguno de los lados. Quizá, en el equilibrio, ¡ay! pero que dificíl es caminar sin el báculo.

G. F. Degraaff

En la mitad

Abarco las formas inexploradas. Transmuto la piel cada día. Me subrayo para marcar mis propios límites, y salto la línea de la razón de nuevo. Quedo parado del otro lado y vuelvo a marcar una nueva línea. Para saltarla again. Miro y sigo mirando, sin intentar decir nada, guardando los secretos de mi mirada, porque cada uno está solo desde su percepción o desde su realidad. Moriremos solos, aunque no es lo mismo morir en soledad. Siempre me preguntan ¿Cómo lo haces?. Cuando miro no hay nadie, las voces han desaparecido. Me habían dicho que levante las piedras para que otros no tropiecen, pero, cómo aprenderán entonces esos que vienen, caminando, sin saber que en la vida quien no hace nada nunca se equivoca, y quien no se equivoca no aprende.
La rutina comenzaba a fatigar mis nervios, extenuado caí abatido con las alas fuera del sillón. Las hojas verdes me hablaban de una nueva primavera. El frío menguaba. El fuego comenzaba a ganar la batalla de los setecientos años. Tendría ahora mas trabajo que nunca. Tomé uno de los libros de Alsaem Ha Heesiem, unos de esos poetas antiguos que reverenciaban desde su época los beneficios del vino. Cabe aclarar su origen árabe. Como el mío. No podía negarme a continuar con las costubres de mi estirpe. Serví una copa de vino, joven, como la noche, que pedía permiso para asomarse por la ventana. Algunas horas pensando si los árboles nos odiarían ya. Estaban en su derecho. Los ojos pesaban cada minuto una tonelada mas. Me perdí sentado en mi particular mundo onírico.
Cuando desperté la soledad aparció nuevamente, a mi lado, aunque dormida. Salí corriendo y la dejé atras. Tenía un nuevo día por delante, sin la pesada carga de la vieja amargura. Escuché su suave voz, pero había desaparecido. Sentí sus manos, pero ya no estaba. Entonces seguí. Con un poco de melancolía y otro poco de resaca, caminé por veredas enmudecidas. ¡Pérfida! escuché decir, era mi voz. Las baldosas de aquel piso gris, llamaban. Me acosté y miles de piernas pisaron mi cuerpo. Debía recordar que estaba en la Tierra, podría irme peor la próxima vez. Algo de sangre llamó mi atención. Hacía mucho tiempo que no veía su color. Mas me sorprendió saber que era mía. ¿Sangre?, ¡Sangre!, me exilié pensando en ella. Vagué sin rumbo, con la clara sensación de estar vivo. Salté, corrí, un súbito viento me barrió. Caí de espaldas con una flor en mi mano. La ofrecí al cielo. Ya no quedan mujeres que valoren una flor, pensaba. Es por culpa de los hombres, desde luego. Yo sin saberlo deseaba esa coraza que evita oler una rosa. Seguía oliendo rosas por donde caminara. Un dolor inminente se acercaba desde la otra calle, con el aroma de los eucaliptos. Llegó y no pude evitarlo. Era la clara sensación de haber olvidado algo. ¡Claro! grité. había dejado mi soledad dormida, ahora no podía evitar recordar todas mis compañías, todos esos recuerdos. Cada uno reventaba mis pulmones. caminar era arduo entonces. Debía buscar mi soledad dormida. Y casi no alcanzaba a ver el siguiente paso. Un huracán violento tropezó conmigo y me impidió seguir avanzando.
Muerto quedé hace un tiempo, a mitad de camino, entre mi soledad y mis recuerdos.

G. F. Degraaff

La simpleza de conocer la simpleza aprender

Abro los brazos al rugir del tiempo. ¿Quien no abre siquiera su corazón una vez?, sería plasmar una rosa sobre el cielo, pensar que todo está dicho. Tú, dulce atardecer de un lejano invierno que lucha por llenar de ámbar la miel que nos proteje. Nunca ha llovido en el rincón de un anillo. Me has dado, la energía para manifestarme y me ayudas como un ave a remontar mi vuelo, empujándome a un abismo. En los Andes, allí donde el sol se oculta, bajaba el corcel de mi carruaje. Corría por las sendas oscuras de los matinales frutos amargos de un tiempo partido. Los relojes no sirven para esperar la eternidad. Mis ojos no han llegado a cruzar el horizonte donde te busco. En verdad repetiré la antigua fórmula de los anarquistas. De los dadaístas. Mi vida terminará cuando menos te des cuenta, cuando tus ojos cometan el pecado de cerrarse para dormir. Y de tus ojos brotará el té de la tarde. Mi puñal será el único que decidirá mi destino, tembloroso, mejor espero sentado mirando las estrellas. Allí en la soledad, sólo los sabios que han cruzado los límites del océano, pueden ver todo. Mientras el techo de una habitación se cierra para mostrarme el mundo que nos rodea. Yo dormido, te espero entre mis sábanas. Tus manos quizá renazcan del sueño en que vivo. Yo miro el norte, deseando que me invites a jugar tus juegos. Cuando te toque, y sientas... y verdaderamente sientas... quizá decidas dejar un poco de lado el orgullo, que tantos ignorantes tienen.

G. F. Degraaff

Atención!!

Ayer por la noche, sentado al lado de una ventana en la parte trasera de un colectivo de la línea 132, miré dos grandes luminarias, triste por las palabras que llevaban consigo, me empeñe a mirar: "...Creamos tu atención...". Malditos!!! pensaba, mientras tejía en mi mente una coraza para no ser parte de ellos. Pero luego, fugazmente, no pude obviar pensar que ridículamente tenían razón. Toda la Capital Federal está asquerosamente repleta de carteles publicitarios, hay mas carteles que libros en las manos de quienes la transitan, hay tantos carteles como insultos, humo, dinámica y violencia. Hundido en la íntima gota de sed por la libertad, me apretaba la garganta la pena de aquellos que no saben que están diciéndoles que pensar, que sentir, que hacer. En la Vieja Nueva York, allá por los años 70´, los trenes de la ciudad eran verdaderas galerías de arte, los famosos "grafiteros o bombarderos" pintaban los vagones por dentro, exponiendo algo mas que arte, una manera de rebelarse a los oligarcas carteles de publicidad. Con mensajes claros, con pensamientos profundos, instaban a las personas a mirar verdaderamente hacia adentro y no dejarse manipular internamente por los publicistas que crean necesidades innecesarias. Por otra parte, este movimiento comenzaba a ser muy grande, imaginen, arte y pensamientos para personas a las que "convenía" que no pensaran y mucho menos que se expresaran. No hace falta decir, que todos los trenes fueron pintados con colores tan sobrios que parecen instituciones, cárceles, hospitales o escuelas... Nadie ha creído que estas instituciones mantienen esta sobriedad de colores quizá para evitar la imaginación, quizá para evitar que pienses, (como una escuela no tiene colores o arte en sus paredes??)... No hace falta decir, que el grafiti y el bombardeo está penado legalmente, con algunos años de prisión... Algo claro me ha quedado... nadie manipulará mi atención... y de a poco intentaré desde cualquier movimiento, poner el arte por encima de la publicidad... Nadié me dirá lo que necesito, mucho menos mediante una publicidad... Espero que uds. tampoco caigan en la trampa en la que la más perjudicada es nuestra atención... Porque es tan claro... Nuestra atención determina nuestra realidad...

G. F. Degraaff

El Rey Thule

Nadie lo había previsto, absolutamente nadie había siquiera iluminado el matiz mental propio de aquel descubrimiento. Quizá aquel grupo de excavadores, sabían donde se ocultaba el misterio que durante siglos había sido causa de una demencia general. Puede que muchos de ustedes no concuerden con mis creencias, pero el suceso que tuvo lugar aquel atardecer en el vasto desierto de Wadi Rum, al sur de Petra, Jordania, no precisa concordia entre mis vagas creencias y las de ustedes, basta con afirmar que los sucesos fantásticos que atemorizaron la expedición se volvieron una extraña sombra que nos impulsaba a ir mas allá de las probabilidades de supervivencia. Con escasos recursos, debido al tiempo que llevábamos perdidos en la inmensidad del desierto, extenuados ya mis compañeros y yo, ni siquiera los beduinos que condujeron la expedición soportaban ya las elevadas temperaturas y la escazes de agua, seguíamos contra la corriente buscando el fin que nos había conducido hasta allí. Las ruinas de una civilización antigua, perdida, que yacía enterrada bajo el manto dorado de las moldeadas montañas que nos rodeaban, era la tumba de una oscura biblioteca faraónica, que ocultaba siniestramente rastros de viejos ritos y sacrificios desconocidos por los arquéologos modernos y contemporáneos.
La noche del 5 de Julio, habíamos oído en boca de algunos expedicionarios la influencia de un extraño símbolo que al mirarlo durante unos minutos absorbía los recuerdos. Aún me eriza la piel recordar la expresión de algunos excavadores sumidos en el olvido total de sus personalidades, perdidos en tiempo y espacio corriendo hacia la inmensidad del desierto, perdiéndose en la lejanía. Habíamos perdido casi la mitad del número total de expedicionarios bajo la influencia de este símbolo maldito, otro cuarto había desistido en seguir con la expedición. Quedábamos unos quince dispuestos a resolver el enigma y reconstruir la entrada a viejos túneles que conducían a las profundidades de aquella ciudad subterránea. A la mañana siguiente, los mas expuestos a los jeroglíficos tallados en las paredes de uno de los túneles principales, nos habían abandonado bajo los mismos síntomas que los demás expedicionarios, fugados hacia la inmensidad de un desierto que amenazaba devorar las vidas de quienes lo cruzaran. Sólo quedábamos cuatro, el arquéologo Jean Paul Ferrier, la egiptóloga Mirtha Von Quiest, el periodista Ruben D´amico, y yo. Tardamos alrededor de un día en reconstruir la entrada que nos llevaría al fondo de aquella gran tumba antigua. Al despejar la entrada, todos nos encaminamos al campamento que se ubicaba a unos cien metros del lugar para hacer los preparativos necesarios conforme a la expedición en aquella vasta profundidad.
A la mañana siguiente, caminábamos hacia la entrada cuando Ruben sumido en paranoia imploró de rodillas que nos quedáramos fuera. Petición que no fue escuchada por ninguno de los tres que nos dirigíamos dispuestos a todo hacia la entrada de aquellos túneles. Ruben decidió quedarse afuera esperando nuestro regreso.
Una vez dentro el estupor era insoportable, la oscuridad se subía a nuestras espaldas dificultando el andar. Recorrimos unos quinientos metros en bajada, hasta chocar con la primer cámara, allí descubrimos símbolos tan antiguos y desconocidos que nos era imposible determinar su origen. Al parecer, los rastros de una civilización mas antigua que la egipcia, había dominado las costas del Mar Rojo. Las paredes de la cámara se erigían unos seis metros desde el piso, con enormes símbolos tallados sobre las paredes. No nos detuvimos allí. Seguimos unos cuatrocientos metros en espiral, bajando cada vez más, hacia lo que parecía ser las ruinas de una antigua biblioteca. Las paredes tan altas como la anterior cámara, con estantes de una especie de piedra oscura similar a las Tektites, contenían libros que ninguno pudo tomar debido al peso que ejercían. Esta segunda cámara era mas pequeña que la primera, el aire era espeso, lo que obligaba a descender lentamente. Seguimos bajando hasta una cámara que contenía unas seis puertas de unos cinco metros de alto. Allí nos separamos. Jean entró por la mas cercana a la pared derecha, Mirtha por la del medio y yo por la mas cercana a la pared a mi izquierda. Nos miramos por última vez y nos perdimos en la oscuridad de nuestros túneles. Inconscientemente comencé a leer en las paredes talladas unos símbolos, y recité sin darme cuenta:"...Alejaos de aquí, quien ose ir mas allá de esta puerta conocerá la ira de Thule...".
La leyenda del grupo Thule se remonta a los orígenes del germanismo, al parecer un isla desaparecida que había sido el centro mágico de una civilización extinguida en la región mas septentrional de la Tierra, conocida por sus tierras blancas sumida en la oscuridad de la noche, pues ni el sol en verano la ilumina.
Lo que acababa de pronunciar, me había dejado afiebrado ¿Qué relación existía entre los Thule y las ruinas de una civilización antigua en las costas del Mar Rojo?. Había leído de las paredes, unos símbolos cuales desconocía en absoluto pero que me eran horriblemente familiares.
Al mirar atrás el túnel se extendía casi infinitamente. ¡Pero si había caminado apenas unos diez metros!. Seguí mi rumbo entre paredes filosas y una oscuridad que me tragaba a cada paso. La respiración se volvía un lujo en la espesa atmósfera que me rodeaba. Comencé a correr casi con desesperación, mientras mi respiración comenzaba a menguar. Corría en círculos. En la lejanía oí el grito desesperado de Mirtha, unos minutos mas tarde el de Jean Paul. Fuera lo que fuera sin dudas acabaría conmigo, me encontraría. Seguí mi trayectoria casi sin esperanza de salir con vida de allí. En el fondo divisé una luz. Y fui hasta allí. Entré en una fría cámara que contenía una especie de mesa de unos dos metros de alto por unos cuatro metros de largo. Sobre la mesa pude ver un cuerpo largo, que ocupaba casi la totalidad de esta. Las manos con largos dedos y filosas uñas colgaban a los costados. Lo envolvía una larga túnica marrón que caía a los costados de la mesa. Escuché un rugido que temí rompiese mis tímpanos cuando los brazos de aquél abominable ser se movieron. Salté un pequeño escalón y corrí por uno de los túneles que se abrían a los costados, sobre las paredes. Corrí desesperado una media hora sin rumbo, mientras el techo comenzaba a caerse. Sintiendo los pasos del gigante detrás mío. Recorrí la extensión de cada túnel sintiéndome a cada paso desfallecer. Antes de ver por fin una salida, sobre la pared del túnel alcancé a ver una cruz gamada. La esvástica nazi tallada. Al salir de aquellas profundidades ninguna señal del campamento, ninguna señal de Mirtha o de Jean Paul, siquiera de Ruben. Caminé cuesta arriba, durante dos días de arena y sol, hasta encontrar un pequeña civilización. Allí se ocuparon de mí. Al explicar a los nativos de aquel pueblo mi experiencia, todos reaccionaban de la misma manera, tapándose los oídos. Un anciano se acercó hasta mí una noche en que la luna bañaba las arenas y dijo:- Has tenido suerte, nadie entra en la tumba del gran Thule y vive para contarlo. Allí, se dice, duerme el gigante que algún día dominará la tierra. Los nazis sabían esto y quisieron pactar con él el dominio del mundo y vinieron a verlo en su tumba. El gigante intuyó la traición y ¿sabes? nadie engaña al omnisciente Thule, fue él quien decidió el transcurso de la historia, la derrota nazi. Desde tiempos inmemoriales cuando la tierra era dominada por gigantes, Thule, era el mas poderoso. El evitó la destrucción del sistema solar haciendo uso de sus facultades psíquicas, tú sabes que lo que pasa aquí es un reflejo de lo que pasa allí. Thule, dominó el movimiento de los astros, al hacer esto toda su energía fue agotada, por lo que tuvo que retirarse a morir, o quizá a descansar luego de tan ardua tarea. Había salvado a la Tierra de una destrucción inminente. Tú entraste en su tumba. Nunca te dejará en paz... algo de él ha quedado contigo, lo puedo sentir.
Se retiró en silencio, sin decir más, desapareció en la oscuridad de la noche.
Algo en mí, no me era propio.
Luego de dos meses regresé a Europa en busca de respuestas. Intenté localizar algunos miembros de la secreta sociedad Thule, sin éxito. Mientras mis noches eran mas largas, sentía un poder del mas allá torturando mi cabeza. Sumido en alucinaciones, mis sueños eran siempre los mismos. Regresaba noche tras noche a una extraña civilización de gigantes que se movían en manada, respondiendo telepáticamente los mandatos de una fuerza omnipresente. Viviendo en una disciplina extrema que según entendía ayudaba a evitar la destrucción del planeta. Esta disciplina actuaba directamente sobre los astros manteniendo el orden del sistema solar. Entre todos estos gigantes, pude reconocer al gran Thule, quien al parecer era quien gobernaba y manejaba nuestras mentes a fin de llevar a cabo la estricta manera de actuar.
Durante el día buscaba información sobre esta civilización, pero todo era en vano, al parecer no existían registros de esta antigua raza de gigantes. Tampoco lograba hallar algún sectario de Thule, según mis investigaciones, la sociedad fue disuelta al asumir Hitler el poder de Alemania, ya nada quedaba de esta sociedad. Nada de Haushoffer o de Rosemberg. Nada de Guenon o Horbiger. Solo un poco de historia pseudocientífica que se remonta a las antiguas eras geológicas, al parecer, la Tierra tuvo tres lunas anteriores al satélite que vemos hoy. Tres veces, masa de hielo espacial fue absorbida por la gravedad de la tierra convirtiéndola en su satélite, cada una después de miles de años comenzaron a acercarse a la Tierra, aumentando la velocidad. Al aumentar la cercanía de la Luna, el planeta experimentaba una leve disminución de gravedad lo que hacía que las formas de vida terrestre aumentaran su tamaño. Esta alteración lunar traía consigo la aparición de razas gigantes de todo tipo de vida y cambio en las mareas. Mareas que borraban partes del globo y civilizaciones enteras. Luego de miles de años la luna chocaba contra la tierra produciendo la desaparición total de las formas de vida y con ella los rastros de cualquier civilización. Esto es lo que pasó con cada una de las lunas que el planeta atrajo. Antes de que la tercer luna chocara contra el planeta, Thule y su raza de gigantes, habíanse sometido a la rigurosa disciplina que evitaría o al menos frenaría la destrucción. Mediante la rigurosa disciplina había logrado que el satélite disminuyera su velocidad, con esto esperaba poder salvar a su civilización. Algunos emigraron a las cumbres de las montañas, dejando rastros en las elevaciones cordilleranas y alpinas. Thule, al parecer sabía que moriría y decidió enterrar su tumba en lo que hoy se conoce como Jordania.
Luego de diez años de sufrimiento he decidido, en parte por ser víctima de horribles visiones apocalípticas, en parte por comprender mi destino. Ahora sé que al morir regresaré al pasado, con la civilización que alguna vez envió su mente al futuro. Lovecraft no era un ficcionario era un visionario. He decidido y con este relato espero entiendan, es menester ser conscientes de la catástrofe inminente de nuestra falta de disciplina. Ahora partiré al pasado con la esperanza de mantener el futuro, porque si el futuro puede alterar el presente el pasado es el inicio de ambos.


G. F. Degraaff

La llave

Desde la sofisticada puerta de metal, tras la cerradura oxidada, miro la llave de un mundo paralelo... en los intrincados bordes, tallados por cerrajeros mentales, yace la magia, el poder, la felicidad y eso que la humanidad persigue... la llave rodeada por una cadena plateada, quiza de platino, quiza de plata o de acero, brilla con fulgor de mil constelaciones. De antiguas civilizaciones que desaparecieron cuando la luna se estrelló contra la tierra y las mareas cesaron, aquellas que se borraron bajo las aguas de los mares que hoy miramos. Quizá absorbidas en el aleph, ellas se llevaron la réplica que abriría desde afuera la gran y antigua puerta, de percepciones diversas, de ensueño y despertar meláncolico, que enseña el sabor del infinito... Ni mil cerrajeros podrían siquiera duplicar esa llave. Se dice que los musulmanes estuvieron cerca de armar el intrincado laberinto de los planos de esa llave. La llave nunca es igual. Siempre cambia y con ella su cerradura. También se cree que las sociedades intelectuales de la Europa contemporánea, habían dado con ella. Estudios diversos conjeturan que los Mayas obtuvieron gracias a ella, un conocimiento incomparable del Universo. Ahora bien, si la humanidad la tuviera en sus manos ¿qué haría?. El doctor Wessan Paul Rohan publicó un articulo, que cabe decir, muy interesante acerca de la posibilidad de encontrar la llave. Dijo: "...Adepto a la raza humana, debo coincidir con mi memoria. Desde tiempos lejanos en los que la escritura volvió a ser desterrada de las sombras, la humanidad no ha sabido encontrar utilidad a la fantasía. Las técnicas y el empleo de las mismas, es cierto, ha llevado al hombre hasta niveles evolutivos insospechados, hemos tomado a la inteligencia por las riendas, pero coincido con Gurdieff, estamos en un sueño. Si aún vivimos en el medio de un círculo, y la mayoría, vive en él, los límites de dicho círculo son desconocidos por muchos. Es cierto que si la llave de la puerta se encontrase en manos de un individuo que aún vive en el centro del círculo, desconociendo sus bordes, siendo completamente y nada mas que "humano", la demencia se apoderaría automáticamente de él. Imaginemos una persona con la posibilidad de pasar a través de una puerta donde todo lo que viera no coincida ni en lo mas mínimo con la razón, o con los canones actuales humanos, dicha razón estallaría como esta copa de vidrio al caer desde la cima de un edificio. No podemos imaginar que la sociedad habituada al bombardeo público de imagenes y publicidades, de rigurosa indisciplina cotidiana y a su vez rutinaria, que no rompen con los límites preestablecidos mentales, pueda otorgarle el valor y comprenda desde su esencia lo que el universo tiene para darnos en una llave..." Quisiera agregar para terminar, que vivimos explicando todo desde la razón, inclusive somos tan idiotas que buscamos explicar al corazón con la razón... Yo sigo buscando la llave, esa que quizá W. Blake conocía o al menos intuía.

G. F. Degraaff

Naturaleza

Vuelan susurrantes melodías de paz y libertad por las montañas del norte, descansan en ellas similares leyendas helénicas, el sonido entre huecos de silencios comentan la suerte de las piedras preciosas que buscan los exploradores. Aún no sé si los exploradores buscan piedras o se buscan a sí mismo, o si las piedras complacen tal regalo desde su primitiva consciencia. Abarcando las formas mas subjetivas de las plantas y de las rocas se puede afirmar que, como nosotros, cada una posee su propia apariencia, ninguna es igual a otra. A cada una la reviste una singular hermosura desde sus monstruosas formas. Habremos de suponer que poseen consciencia individual de su existencia. Inclusive los paisajes que nunca son iguales, inclusive las imágenes que contienen en sí mismo el poder de excitarnos.
Caminando entre peñascos de tierra herida por el tiempo, metamorfoseándose en cada segundo, descubro las maravillas de las que somos inconscientes asesinos. Quienes han cuidado de tales reinos han sido destruidos o corroídos por la cultura extrema de la civilización, encima se sonrojan al pensar en un pequeño espacio cedido a la naturaleza, como si ella nos lo pidiera de rodillas y nosotros los comparecientes se los diéramos. De esta manera vil nuestro pensamiento está en paz por la riqueza de tal regalo. ¿Quien no ha sentido el viento en el rostro? ¿Quien no ha pisado descalzo el húmedo suelo que nos contiene? Como podemos creer que el progreso de nuestro reino se solidifica en la conquista de la naturaleza, cuando de hecho sólo creamos una rebelión contra nuestra madre. La condición humana se parece a los niños de ahora, utilizan la tecnología tan prematuramente que desconocen la riqueza de observar un sol naciente. Luego como si fuera poco se rebelan contra su madre quien les ha dado y los mantiene con vida. En verdad cualquier teoría es en vano, ya que, expresamos todo con semejante madurez disfrazada cuando en realidad aún no dejamos de necesitar quien nos ate los cordones de nuestras zapatillas. Entiendo que quienes poseen el hilo de las marionetas no dejarán que un principiante se encargue de la obra entera. No me preocupa esto. Lo importante es que los hombres del futuro no caigan en el error de estos hombres del pasado. Si queremos cambiar los modelos debemos romper las líneas. Muchos hombres que nacen, lo hacen con la misma concepción moral, entonces muchos jóvenes siguen una línea, -de la cual desconocen sus principios- y se nutren como si esta fuera la única. Otra verdad es que solo somos grandes reparadores. Nos especializamos en llenar de parches una rueda que pierde aire por la boquilla. Nada arreglamos, sólo agregamos mas verduras a una sopa podrida, creyendo ser creadores de una nueva receta de cocina. Para romper esquemas es necesario destruirlos. Pero ¿Cómo vamos a destruir algo que nos ha llevado tanto tiempo armar? ¡Pero si estamos distribuidos en fuerzas!, somos tantos jóvenes hambrientos y son tantos viejos golosos, estamos claramente ordenados en un gran desorden. Parece jodidamente difícil comer cuando nuestros estómagos están llenos. Llenos de información burda. Ya no importa vivir, lo que importa es sobrevivir. Yo miro mis manos y reconozco la sangre de un pequeño insecto que acabo de destruir. Permanezco inmutable. Pasa lo mismo con aquellos señores que poseen todo su cuerpo ensangrentado con sangre que no es suya. Se contentan con ser más fuertes que todos esos a quienes destruyen. Las divisiones son obvias. Todo se sigue dividiendo. Un número puede ser dividido infinitamente. Lo que destruye la teoría del eterno regreso. Volveremos, a mi no me quedan dudas, pero a seguir viviendo una nueva oportunidad. O para seguir padeciendo nuestros errores. Creo en la justicia eterna, claro está, o al menos eso me consuela. Nada mas hermoso puede ser que la naturaleza, ser natural, como esos vinos que son extraídos de la profundidad de la tierra. Hacen falta buceadores. Que busquen las piedras preciosas que se hayan en el fondo de los mares, de las tierras, en el fondo del aire y del fuego. Dentro nuestro. Si no existieran científicos estaríamos perdidos. Pues a los sabios ya nadie los conoce. Ya nadie los escucha. Me he hartado de escribir sobre las salas morales, esas que todos conocen, pero que nadie visita. Lo blanco de sus paredes se tiñe con la oscuridad de quienes las pintan. Hemos de ser regidos por la moral universal. ¿Pero hemos de conocerla? La anarquía es solo una palabra. Pero su contenido no puede ser expresado en palabras. De ahí el valor de las palabras de Nietzsche, el valor de la palabra del superhombre no puede ser medido en palabras. Siempre vuelvo a lo mismo, porque es lo mismo lo que quiero expresar. El eterno regreso entonces es una analogía de lo que deseamos realmente. Volvemos a desear lo mismo desde nuestros más profundos deseos. Quizá a eso se refería. Idealismo puro. Lejos de la impura realidad que nos azota.
La naturaleza debe enseñarnos la manera correcta de actuar, si la naturaleza nos destruye es porque debemos destruir algo de nuestros mecanismos. Cuando reina la armonía nuestras acciones son correctas.
Habremos de conocer el naturalismo de Lao Tsé, y el humanismo de Confucio, para crear la manera natural de nuestros códigos humanos. Temo que sea tarde.
La corrección de nuestros errores es fundamental para la creación de nuevas formas naturales, solo la práctica paulatina y perseverante puede otorgarnos la naturaleza de tales acciones, si continuamos creciendo con las líneas de conocimiento habituales seguiremos siendo como esos viejos golosos que a pesar de llenarse en cada bocado nunca saborean lo que comen porque siempre piensan en lo que habrán de cenar.
Sobre política no es necesario hablar. La política no necesita palabras, necesita acciones. Un ejemplo claro… nadie considera la política verdadera, pero todos idean acerca de ella. Se han llenado la boca hablando de política, se han llenado los bolsillos hablando de política. Pero la línea de tales palabras es la misma desde hace siglos. Y la credulidad a tales palabras sigue siendo la misma desde aquellos tiempos. Una amiga me hizo abrir los ojos. Los jóvenes buscan crear sus doctrinas políticas sobre bases preexistentes, sobre mecanismos iguales en los que se rigen los modelos políticos actuales, cambiando fantasiosamente, siguiendo iconos desde las palabras pero no desde las acciones. Yo no los sigo. Pero que arroje la primera piedra quien está libre de pecados.
Así intento abrirles los ojos, quien no busca no encuentra. Quien no sigue el camino no llega a ningún lado. Yo busco ese camino con el corazón. Mostrando el eslabón que falta entre los sentimientos y los pensamientos, dejando a ustedes la libre interpretación entre lo que sobra y lo que falta. Con esto espero que la conciencia obtenga un pequeño salto y que las ideas bajen del cielo y comiencen a rascar la cáscara de la sutileza. Lo anhelo con toda mi alma. Quizá ayuden al resto, quizá me ayuden a crear aquello con lo que podamos sentirnos orgullosos, tal vez formemos juntos el espacio para la naturaleza, sin miedo a destruir eso que hemos formado, con la convicción de todo lo que podemos crear. Porque todos sabemos lo que dicho. Hace falta practicarlo, desde ahora.


G. F. Degraaff

Prologo

Las alondras suenan repentinas en mi cerebro, escucho el manantial de ideas que fluyen, cambian, giran y se expanden, observo el canto de arcángeles sobre los que se impregnan las filosas atalayas de las calles oscuras. Observo todo en mí alrededor mas no entiendo como aun no veo todo. Se escapan pasajeras del aire mil preguntas sin respuestas, se pierden aquellas cosas que no importan, pero mas se pierden aquellas que nos importan realmente. No solo miro con mi vista, también poseo la habilidad de oler con ella. Huelo cada respiro de lo que llega a mis manos, las hermosas melodías acompañan mi viaje de lo real a lo irreal, y susurro mil armonías de colores, cuando entiendo por fin el mensaje, cuando veo en la luz, cuando puedo oscurecerla. Entonces logro alzarme en el aire, para caer tempranamente aunque no existen tiempos para caer. Vuelvo a mirar a través de mí, por la bola de cristal que me envuelve y concuerdo la manera de expresarme mediante el uso del vocabulario, es algo que esta en mi mente o quizás no, pero está, y comienzo a preguntarme lo que siento, mis dudas me atropellan, logro sentir como una bala rompe mis huesos, como mi sangre fluye a través de mis venas abiertas y escapa, tampoco a la sangre le gusta permanecer demasiado tiempo en el cuerpo y quiere salir, desea romper con nuestro sistema, con nuestras arterias y brotar como una flor para liberar nuestro espíritu.
Hoy, escuche a mi vida susurrarme al oído, esa a quien amo, esa quien me lastima con gracia, quien me habla con su delicada voz y me cuenta entre las nubes de mi cielo, lo hermoso del valle tras las nubes. Soplo tan fuerte como puedo y logro esparcir esas nubes de ceguera, veo tras de sí, un cielo, un sol frente a mis ojos, rubio, de cabellos redados, de ojos claros, que me abraza y llena mi alma de sonrisas, y es entonces que mi sufrimiento crece porque donde existe la felicidad, el dolor acompaña. Salto el abismo que me separa de la verdad, pero hasta el mas estrecho abismo es difícil saltar, y caigo, vuelvo a caer mil veces, con el sol, que cae hasta los infiernos para alumbrarlos con su luz, y renazco junto a sus rayos de oro, para volverte a ver a ti vida mía, a quien estaré agradecido hasta mi último ocaso.
En mi alrededor giran miles de hojas de un viejo árbol marchito, de un arbusto celoso, de palabras enaltecidas, que quieren a cada revoloteo contar una de sus historias, una de sus andanzas, para que el mundo se adueñe de sus andares, de su experiencia y de si mismo, para no pertenecer a nadie.
La vida le habló a mi alma, quien camina entre senderos oscuros, entre pedradas y cardos furiosos, me dijo:-Camina recto, mas no hay camino, desciende y elévate, aunque no exista arriba ni abajo para ti, besa los pies de los bailarines y considérate dichoso de rodearte de ellos, pues, quien ve en la vida el danzar, puede alegrarse de danzar en la vida. Entonces suspiro y agoto mis fuerzas en mis pies, y me mantengo erguido, soportando la tempestad que azota mi rostro, la calumnia del viento frío y el mar bravo, la palabra de los hombres sin palabra y la sonrisa de los hombres sin sonrisa, pues hasta la sonrisa puede ser malvada.
Salgo de mi, hacia el aire, como un ave… la vida es dura para el hombre que roba virtudes y se inventa la densidad de si mismo, el hombre pequeño siempre puede ser humillado a partir de su pequeñez, y superarse con grandeza, mas, el hombre grande puede ser humillado, y a partir de su grandeza, ahogarse. Cuanto mas grande el hombre se cree, mas humillación sentirá en ser pequeño.
Y si mis penas desaparecen, será porque aprendí a sufrir, no hay vida plena para quien no aprende a sufrir y a superarse en sus tristezas.
Y si mis penas desaparecen entonces, será el día de mi viaje final, cuando navegue por mi océano inmenso hacia la inmensidad de mi océano, cuando salga al encuentro de mi sol, besando las aguas tranquilas por donde habrá de posarse para mi amanecer, para mi ocaso.
Hoy renazco, soy un cazador de hombres, de esos que se vuelven serpientes, de las arañas de caverna a quien molesta la luz. Y apunto y siempre sonriendo, disparo mil rayos de luz, porque hasta al diablo debe dársele lo que es suyo.
Volveré por que así lo quiere la rueda de la existencia infinita, volveré para ver mi amanecer desde mi valle, desde mi barca, desde mis ojos, desde mi alma, volveré para caerme y volver a saltar, sobre los bosques de estrellas hasta ser una mas que brille, hasta ser una mas que bese las aguas por donde navegaré mi viaje final, hasta que mi ocaso sea por siempre un amanecer infinito para las almas puras, para los nobles amigos de la vida, para quien en su ocaso acompañe al sol en su luz y renazca con sus rayos, para llenar de vida al mundo de los dioses, para llenar de vida al mundo de los hombres, para llenarse de vida eterna en los brazos del cielo y encontrarse caminando en la búsqueda de su existencia.

G. F. Degraaff
POLVO

Las nubes se encuentran a lo lejos. Mi mirada se pierde allá donde nada es visible. Encuentro en los ojos nocturnos la bruma del silencio. Te he encontrado! Hoy destello las preguntas. Hoy salgo a la luz. He conocido el estúpido problema al que se someten los hombres. Esto no me pertenece. Mi faz es la del sol en la noche. Si logras verme será porque el sol infinitamente se posa sobre nuestras sienes. Apaga la luz, es hora de dormir. En los boscajes las estrellas se ven enormes. Los ojos no han de ser precisos… si deseo me frustro. Mi frustración puede ser mi deseo. Encuentro las calesas que viajan al cielo. Mi boleto ha caducado. No soy digno de Dios. Dios no es digno de mí.
La armonía debería acompañarme como el viento al sonido. Las voces solo hablan. Y la verdad parece ser superficial.
He dedicado el tiempo a pensar en el tiempo. Basta! Todo vuelve, todo gira y me marean las agujas. Ya ha sido dicho. La fe sirve de consuelo. Quizás como guía. Soy una guija en medio del río bravo. Fulgoroso me envuelvo en el manto sagrado de mis ideales. Mis manos tienen sabor a herrumbre. He sido esclavo del paraíso perdido. No mas! Ostento mi transparencia como mis palabras. He escapado de las glebas del infierno. Primero lo soy, luego lo creo. Siento la pérdida de mi mocedad. He quedado perplejo por expiarme, son mis errores. Aun no encuentro algo en mi superior a mi. Vago pero laborioso. Lo que entra por la puerta sale por la ventana.

LAS SALAS MORALES

En las salas morales las paredes blancas son frías. (Mi bien es cuanto amo y cuanto me satisface por completo). (Mi mal, todo aquello en contra de mi voluntad, de mis ideales). ¿Quién decide quien debe morir? Extraviar el tiempo suponiendo que nos hace grandes. Basura! Yo digo: Lo que nos hace grandes nos debilita. Solo el necio espera ser sublime ante los ojos. La moral no carece de individualidad. El huraño también puede ser feliz.
El gran sentido que nos esclaviza. La gran farsa humana. La vacilación. Todo es para y porque. El intrépido humano no se guía por códigos humanos. La resignación ha sido impuesta. La concordia tiene como fin el progreso, (a toda costa), ¿de la raza? De las conveniencias individuales. Todos se estafan sonriéndose. Eso debe ser moral. Dedicar una sonrisa y un puñal. Algunos no son morales, pero deben serlo. En el sentido de que si no lo son acabaran condenados aquí en la Tierra. A cuantos se ha dejado sin condena por ligarse a la mayoría. Si cierro la boca no podré hablar. Todo a su tiempo. Mientras me guardo a mis ideas. El mundo no está preparado para las verdades. Las leyes fueron creadas para ser violadas. No mas leyes! No mas reglas! Muchas almas están demasiado sucias ya. Voluntades de almas sucias. Fines sucios. El hombre es un animal domesticado pero nadie le ha enseñado a pensar. Que podemos esperar. La esperanza eso por lo que aun vivimos. Continuando con las farsas: La verdad es decidida por lo predicadores de la mentira. Mientras tanto el mundo es dirigido por estos. Ahora Bien: yo predico mi verdad. Ya lo dijo aquel noble galileo: Quien tenga oídos para oír que oiga.
La unión hace la fuerza. Todos desean ser fuertes. Nadie anhela ser mejor. Por eso los hombres se juntan. Porque no se consideran lo suficientemente fuertes. Hoy el fuerte domina. El débil se somete. La humanidad esta sometida en un régimen humano. Caigan! Esta sociedad debilita! El hombre: animal racional. Las bestias también piensan, sino pregúntenle al Diablo Cristiano. El salvajismo puede ser racional también. Subo a mi pradera y encuentro una antigua ruina. Las gentes construyen para destruir. El cielo fue construido para ser destruido. El hombre fue hecho para ser desecho? Ahora: para esto hemos venido? No! Predicar la vida, el dominio del hombre. La armonía de la naturaleza. Lo que hemos olvidado. De donde venimos. Hacia donde vamos. Progreso: Una simple palabra confundida.


EL LABORIOSO

El día comienza lleno de estrellas. Cumplir con lo prometido. Después de todos estos días nocturnos se alza el sol. La gran estrella. Yo clamo el fin. Quiero llegar al final del río. Es imposible sin esfuerzo. Sin la fuerza no levantare las piedras. El dogal liga mi herramienta sagrada, pronto escuchare el vapor silbando humo alegre. Pronto me escuchare silbando humo alegre.
Las palabras se vuelven necesarias. Los absurdos se vuelven inevitables. Uno se acostumbra a lidiar con los dragones de los cuentos maravillosos, escupen fuego por la boca. Tantas estupideces, mis oídos se vuelven sordos, mis manos torpes.
Siempre mis nervios me han fastidiado.
Cuando todo carece de sentido, los sentidos carecen de sentido. Todo es poco:

Álzame entre suburbios,
De la noche en que comienza mi día.
Las praderas se tiñen de gualdas,
soy un esclavo de mi vida!

Ante mi un muro,
De lamentos. De piedras blancas.
Oh! Cántame tus melodías!
Fiel amiga sagrada.

Cuando estalla el furgón,
El acero cede.
Circulando los rieles,
el tiempo se enreda con mis oídos.

Hostiles inciensos
marean la atención de los puercos
que se hospedan sin permiso.
En derredor la gris calumnia.
Quedan sutilmente sumisos,
entre el velo de los paganos
nadie es culpable de la tragedia.


El laborioso
la clase del lamento,
he visto muchos ojos húmedos.
Son tantos los fantasmas
que asustados se pisan entre sí.


LA DAMA

Una antigua compañera. De las salas de juego en que deambulaba. Soltó un alarido al encontrarse circundada por lobos feroces. Escapaba subiéndose a los árboles de los violentos pantanos, donde pedía una copa. Yo me acercaba furtivamente, para que no me confunda con uno de esos espejismos desérticos. Luego hablábamos de las mil y una noches en que volvíamos juntos a saltar por encima de las cuerdas del cuadrilátero. Me ruborizaba a menudo cuando pedía un vaso de agua, pues llamaba la atención de la chusma que solo observaba y conversaba por lo bajo, entre dientes. Esto no me sorprendía, los conocía y me compadecía de esas pobres almas. Siempre hablaban, y cuando no tenían de que hablar, inventaban cuentos de terror, de los cuales todos eran protagonistas. Al caer tarde la noche y temprano el día, con elegancia se erigía sobre sus pies tambaleantes. Tomaba su abrigo con ambas manos, y dedicaba una volátil sonrisa a su alrededor, para escaparse por los pasillos de luciérnagas sombrías que debía atravesar para llegar al final de aquel antro. Afuera era otra. Eclipsaba a las más brillantes estrellas. Con fulgor propio. Yo le prestaba mi brazo para acompañarla, y mi alma; se la regalaba bajo la luz del candelabro de mi habitación. Me aseguraba de que no despertase hasta que yo lo deseara para poderla contemplar en sus sueños mas profundos, para abrir los ojos de día con el sol a mi lado. Acompañados con alguna melodía pasajera. Me embarraba de sus caricias. Me bañaba en sus tormentas.
Pero este cielo se ornamentaba con nubes crueles. Las aves volaban a su alrededor mas ninguna se posaba en ella, era fiel solo a su naturaleza. Era transparente cuando sabía que nada oscuro dejaría ver detrás, el resto del tiempo me entretenía mirando el suelo, buscando la sortija adecuada.
Luego solo con una mirada nos despedíamos, regábamos el ambiente de cálidos aromas y volvíamos a encontrarnos en cuestión de minutos. Nuevamente enredados, afiebrados de noches enteras, siempre las mismas, con palabras nuevas, con experiencias nuevas, con sensaciones nuevas, pero con el sentimiento constante. Aunque nada se mantiene constante por mucho tiempo; nuestro reloj solía atrasarse por momentos y saltarse de a ratos, sobre todo cuando no había tiempos que respetar o los tiempos no eran respetados. El invierno era cruel. El frío golpeaba su pecho, nunca el mío. A mi me castigaba la voz. Nos convertíamos en inmensas estructuras de hielo, capaces de generar otra época glacial. Dos palabras eran muchas. Ella desaparecía, yo enloquecía. Veía caerse el cielo en mis manos y poco me importaba. Sólo una vez más decíamos. Y seguíamos diciendo. Pero hasta el invierno termina y aún así queda nieve en las cúspides de las montañas mas altas, las mas cercanas al cielo, esas que ni el sol derrite, y en las salas de juego el sol no es invitado, como tampoco lo es el tiempo. Siempre hace frío en los elevados cielos, amigos del sol.



G. F. Degraaff

A ustedes

Alas rotas han partido del vientre vital, susurra el presagio de lo inverso, en gotas de ácido sus ojos se bañan, con ellas el dolor de lo incomprensible azota mi rostro evidente. El viento ennoblece mis ansias de quedarme al margen de mi mismo y enredarme en el austero choque de mis razones, mas la rigidez de lo concreto absorbe mi cuerpo y mi espíritu. Desprecio todo encierro donde soy víctima.
Los carceleros de mi alma viven en la rueda del azar girando sobre sus rincones, aquellos que no han de sacudirse… vueltas, vueltas, caen siempre en el mismo lugar y destino: La gigantesca nube de polvo que ciega y enmudece, que encierra y se abre paso entre las gentes, aprisionando el pensamiento y la calidad del ser humano, castigando toda libertad y constituyendo un sistema previamente organizado.
Hendiendo las estribaciones de lo impredecible concurro a mi encuentro y a mi tristeza, ¿Será ese el destino del hombre?, permanecer con los pies en la tierra, calculando las horas del reloj que aprisiona, ciegos y mudos de verdad… Por mi parte, cuanto mas profundo llegue, mas alto habré de elevarme.
Han roto las campanas del cielo, esas que los hombres crearon, esas que hoy se encuentran enmudecidas por el lamento y que ya no vive en ellas la armonía de lo infinito, siendo siempre más fácil imaginar una superioridad que serlo.
El hombre que duda de todos duda de si mismo, la confianza se ha perdido, la palabra que nos eleva por sobre las criaturas, carece de sentido digno, se resuelve en cenizas… Hubo una época en que la palabra tenía valor.
Han sometido al espíritu a lesa humanidad, sometido a la conciencia a los placeres mas oscuros, pronto someterán el alma… ser para crear, crear para ser.
Oh! El alma en los hombres, esa energía vital que nos envuelve y logra traspasar las escamas del cuerpo, que deja la evidencia de las emociones y sentimientos… ¡está sucia! El hombre ha perdido la noción de lo que al alma se refiere, por eso sus manos lloran sangre, porque han cometido un sacrilegio con lo mas hermoso que todos poseemos.
Se hablan demasiadas vaciedades, muchos que se jactan de haber recorrido tantos años, tanto caminos que aun no saben para que están en él, su andar es postrero y nunca llegaran a bañar sus lenguas en el necesario sufrir; calla tu boca, tu mente, hombre despierta el corazón hundido en el pecho, ruge tu verdad humana.
Me pregunto si alguna vez volveré a mi vieja casa en un tiempo ajeno al que hoy vivo; en aquella casa las monedas no sirven, todos viven en el aire y de sueños se alimentan, en aquella casa no hay sistemas, solo conjuntos individuales, energías en equilibrio, luces de paz.
El Superhombre, la idea descabellada que alguna vez surcó los jardines, se ha desvanecido en un proceso largo y absurdo. No han de darse cuenta que ninguna ley metafísica podrá superar la evolución espiritual, es por eso que cuando se habla de imaginar una superioridad no es mas que la frustración de acercarnos al mundo vulgar que nos proponen y a su aceptación dentro de los limites marcados por la ignorancia, que a nosotros mismos.
En una ocasión un antiguo maestro concurriendo a sus discípulos preguntó: ¿Por qué han de estar conmigo mirándome en pleno silencio? Ante la especulación de estos dijo: Ustedes están junto a mí porque buscan la sabiduría, el amor, pero por sobre todo buscan la paz, pues bien, la buscan sentándose en silencio a mi lado, escuchándome pacientemente, y consiguen por un momento eso que anhelan… yo les propongo que se largen de aquí, porque sino es en ustedes mismos donde encuentren esas virtudes no la encontrarán a mi lado… ¡Busquen en su interior! Luego de un largo silencio el maestro dijo… Amigos míos, el aire no busca la paz, la lleva consigo donde este, la naturaleza es dueña de ella, pues entonces, encontrar las virtudes dependen de nuestro modo de fluir, de pensar, de actuar, de sentir… vivir en este mundo como si fuésemos de otro, dejarnos llevar por el olfato de las buenas acciones, y una vez encontradas estas virtudes en nosotros mismos, encontrarlas a nuestro alrededor… El observador que contempla un cuadro es contemplado a su vez por este, ¿entienden amigos míos?


G. F. Degraaff

Abstracciones ( II parte)

Ambos fascinados el uno del otro, escapamos furtivamente en la noche hacia el laboratorio, buscamos unos libros y partimos hacia mi departamento. Fui explicándole cada uno de los momentos de mi presunta alucinación, y nos internamos horas en los libros y en las teorías hasta el amanecer siguiente. Lamentablemente el profesor debía partir a Canadá esa tarde, pues, le habían designado un cargo en el laboratorio científico mas sofisticado de ese país, donde podría seguir con el avance de sus investigaciones. Yo, me interne en mi hipótesis de movimiento planetario, dejando de lado mi experiencia trascendental.
Luego de algunos meses, encontré al profesor en el aeropuerto de Vancouver, el viaje había sido un poco tenso para mis oídos, Wesley, me hacía señas detrás del ventanal, enseñándome unos planos, sus ojos parecían desbordados, su sonrisa le ocupaba la mitad de la cara, en un momento comenzó a soplar con sus labios apoyados sobre el vidrio, las carcajadas brotaron de mi rostro.
Llegamos hasta el hotel en que residía Wesley, era hermoso, tenía particularidades clásicas con retoques góticos, verdaderamente un lujo. Comenzó a explicarme que mi alucinación le había otorgado ideas sobre una eventual manera de plasmar el universo energético, descubierto en sus investigaciones, sobre nuestras mentes y con eso lograr la fluidez dentro de una hipotética dimensión, a la velocidad de la luz.
Me enseñó partículas desconocidas por la ciencia, con la capacidad de crear un submundo dentro del nuestro, había creado una especie de cápsula que encerraría una realidad dentro de otra dimensión, de otro tiempo. Tenía lista una prueba que evaluaría dicha realidad en una mente humana. Con algo de temor en sus palabras me pidió que yo sea quien la pruebe.
Al amanecer siguiente, nos envolvimos en abrigos y salimos a las tranquilas calles de Vancouver, caminamos no sé bien cuanto tiempo, y llegamos al parque del laboratorio. Los árboles exhibían sus copas repletas de oro blanco, era un paisaje hermoso que podía ser visto desde la ventana del laboratorio de Wesley. Adentro ya de su arquitectónico laboratorio, me enseñó un artefacto no tan grande como sus capacidades. Me explicó que el artefacto, simulaba un campo de energía, en el que había logrado estudiar que dicho campo aceleraba las partículas de la materia y como consecuencia esta desaparecía por completo, deshaciéndose, y que una vez que el campo perdía energía, las partículas volvían a juntarse para formar la estructura material que poseía. Había probado con elementos orgánicos e inorgánicos, y ambos respondían a los mismos efectos, luego con animales que no sufrían efecto analítico en sus cerebros. Durante semanas me explico el comportamiento y funcionamiento del aparato. Yo estaba realmente entusiasmado. Recuerdo que esa noche no dormí.
Probablemente el relato no cuente con muchos y extensos detalles que no incluyo debido a que su carácter es meramente científico, esto por un lado, y por otro no estoy seguro, a pesar de recordarlos, de que sean veraces, y además, mi reloj biológico amenaza con detenerse, y quisiera dejar registro en esta vida de lo acontecido en la anterior.
Recuerdo claramente la mañana del dos de Junio, fue muy fría, el amanecer oculto detrás de nubes grises se empapaba con gruesas gotas de la lluvia matinal. El doctor había preparado mi desmaterialización durante semanas y todo estaba en óptimas condiciones para someterme a mi viaje a través de la velocidad de la luz. Mi vestimenta era delgada, no muy pesada y elaborada de un material metálico, que era necesario para el regreso a mi estado material.
Ingresé a la máquina alrededor de la diez de mañana. Mi memoria no podrá olvidar jamás el destello de luz que mis ojos vieron por última vez antes de sumergirme a una sensación particular, -(espero impaciente el momento de mi muerte para poder comparar exhaustivamente mi experiencia dentro de la máquina, con el momento en que mi cuerpo queda despojado de la energía vital)-.
-Una luz blanca, un túnel que variaba los matices del rosa y el violeta, mezclado con delgadas líneas plateadas y doradas, luego el túnel se volvía oscuro, y las líneas formaban cuadrados de colores primarios que jamás se tocaban, mi cuerpo no existía, pero podía ver todo, podía sentirlo, captarlo de alguna manera, toda la experiencia me resultaba tan familiar, no temía, tampoco sabía lo que sucedía, había olvidado el propósito de mi viaje, solo fluía a través de dimensiones y mundos. Mi cuerpo era algo olvidado. Atravesaba planetas, soles, vagué junto a Plutón fuera de la órbita solar y recordé mi hipótesis y me regocijé de haber tenido razón con mis especulaciones. Miré la galaxia desde la periferia como en una fotografía, era diminuta, recorrí el universo y llegué a sus limites, tan insospechados, tan cercanos, volteaba una y otra vez en sentidos contrarios. Más de una vez me sentí atraído por enormes agujeros invisibles, jugaba entre nebulosas y supernovas, todo el Universo era mi mundo, todo el universo era mi hogar.
En un instante me encontré mirando una enorme aglomeración de energía, está me habló en una idioma extraño, que mi mente muy bien entendía sin saber cómo, sentí su poder, sentí su vibración, reinaba la paz alrededor nuestro, éramos sólo él (sin carácter de deidad) y yo, sentí un enorme deseo de quedarme a su lado, de fusionarme a esa energía tan poderosa, pero mi partida era inevitable, me lo hizo saber, también me hizo comprender que volvería a su lado en el tiempo indicado, que yo pertenecía a él y él pertenecía a mí.
Algo en mí había quedado con él, no sabía explicarlo, algo me faltaba. Luego supe que era información, información recolectada durante millones y millones de vidas pasadas, de experiencias, de sentir la vida en mis poros, desde la vista de un bello amanecer hasta la sensación única del viento en el rostro, había quedado limpio, había quedado puro.
Me sumergí dentro de otro túnel, fulgoroso, brillante, encendido de energía y fuego, oí el grito desesperado de una voz lejana que me exigía que me alejase, que no siguiera más en el túnel. La voz era más fuerte a medida que me acercaba. Cuando todo comenzó a dilatarse y a aumentar de velocidad intentaba detenerme a pesar de los incesantes gritos desconsolados de la energía de mi madre, que muy bien sabía que atraía otra energía de vuelta a la vida, otra energía que conocería el dolor, el sufrimiento, la desolación, las crueldades de la vida material dentro del planeta Tierra. Percibía aquella energía mi pureza, no me deseaba otra vida aquí, no me deseaba la oscuridad a la cual es sometida la luz en este condenado planeta nefasto, embarrado de competencia y discriminación, de obscenidades y negociantes de almas. Los gritos eran muy fuertes, igual la luz del túnel, que con una contenida explosión desapareció. Solo quedaba el llanto del pequeño niño al que mi madre llamó Ernest White.
Durante años esta experiencia jamás había sido comentada, un silencio profundo e impermeable marcaron mi juventud, fui un huraño que conocía el verdadero fin del hombre, que conocía la química de la vida, todas las razones existenciales, que poseía inconscientemente la verdad universal sin saber articularla en palabras ni símbolos, sin saber comunicarla.
En el año dos mil cincuenta y nueve leí un artículo en el que el Doctor W. Quesley, para el año mil novecientos ochenta, había sido condenado a prisión por la muerte de su compañero el Doctor Ivo Friedinch, durante un ensayo de su poderosísima máquina desmaterializadora, (Máquina que fue adueñada por el servicio de inteligencia canadiense sin saber utilizarla y posteriormente vendida a la CIA) y separado de sus investigaciones acerca de la explicación científica del alma.
Hoy con ochenta años de vida, puedo decir que yo fui Ivo Friedinch, que sólo dejé la información recopilada durante millones y millones de vidas, y regresé a este mundo como Ernest White, limpio, puro, consciente de mi viaje, agradecido eternamente a amigo-colega Wesley el haberme dado la consciencia a mi alma en el momento de mi accidental muerte, consciencia que perdurará todas las veces que regrese a este mundo a buscar lo importante, la luz… la evolución.


G. F. Degraaff

Abstracciones ( I parte)

Para progresar de manera fructífera y verdadera comenzare diciendo que: observamos en una pintura, todos los detalles extendidos sobre el lienzo; aquella aglomeración de colores que lleva impregnada el toque de la impresión primera de una inspiración -que se trasmite de maneras no muy precisas, dado que cada cual enfrenta la experiencia de acuerdo a su estado del alma- de ahí la subjetividad que se nos presenta, puesto que nuestras almas logran florecer nuestros sentimientos. Existe también imperceptible, una aglomeración de vacío infinito; si llevamos nuestros ojos, y con ellos nuestra mente, nos internaremos en el precipicio mas profundo de la obra compuesta. Nuestra idea. Un escalón más oscuro sobre la explicación del autor.
Mi nombre era Ivo Friedinch, mi juventud estuvo marcada por una peculiar tendencia sobre los astros, me gustaba observar el cielo nocturno primaveral adivinando así el movimiento de los planetas y las constelaciones. Recuerdo cuanto amaba la ciencia, era mi vida. Estudié astronomía desde los dieciocho años hasta el inexplicable suceso, que mas tarde explicaré, de mi desaparición física. No recuerdo todas las fechas ni todos los lugares, solo algunos destellos -(de ahí que mi relato no encadene todos los sucesos que tuvieron lugar desde la mutación de mi realidad habitual hasta mi desaparición dimensional)-, algunos detalles que no puedo comprender recordarlos, y otros que tras años de búsqueda pude conocer, ahora sé que un acto en la vida de un hombre alcanza para determinar toda su existencia.
Comenzare presentando a mi ex colega, el distinguido Doctor W. Quisley, una persona alta y de cuerpo macizo, contextura típica de las razas europeas de las regiones nórdicas. Su calvicie se ganó la burla del consenso Astronómico de Nevada. Durante años se dedicó al estudio de la antimateria, predijo la composición de las antipartículas que forman la antimateria, Sostuvo en su elegante ensayo, universo invisible, que el Universo trasciende las conjeturas de las mentes humanas, que así como hemos predicado un bien y un mal, o sea, las dualidades, existe una dualidad imprescindible, que no percibimos, pero que sin dudas, son parte del vacío existente mas allá de las fronteras terrestres, una antimateria que sostiene el equilibrio de la constante fluidez de energía en el Universo, cargas eléctricas invertidas que se destruyen a si mismo, liberando una especie de energía parecida a los rayos Gamma, (energía con menor longitud de onda comparada a los rayos X, pero con mas potencia).
El hecho que les voy a narrar, no está para nada alejado de las hipótesis del Doctor W. Quisley, presentadas hace mas de ochenta años, luego de haber yo desaparecido, una vez mas de la faz de la tierra.
Estaba preparando mi tesis en una de las habitaciones del Palacio de Hamilton, en Salt Lake City. Por fin había encontrado yo un lugar fiel a mis presunciones, Necesitaba mucha tranquilidad, me mantenía huraño elaborando una hipótesis para mi trabajo sobre las leyes de movimiento planetario, quería explicar el fenómeno ocurrido en la órbita de Plutón, que sufría desviaciones surgidas por ráfagas de gravedad, de acuerdo al acercamiento en etapas que Neptuno provocaba, sobre este y su satélite Caronte, y como se estaría alejando de la orbita solar dentro de La Vía Láctea, para perderse en miles de años al estado de reposo o movimiento uniforme en línea recta, sin que ninguna fuerza externa como la fricción o la gravedad le asignen un nuevo rumbo, Afirmando las leyes Newtonianas.
Tomaba café, extraviaba mi mente en letras y simbolismos, algebras y ecuaciones extensas, cuando el canturreo de la radio atrajo mi atención y todo el entorno se había iluminado con ciertas luces destellantes multicolores, el tiempo comenzó a extenderse junto con el entorno multicolor, advertí el flujo de dinámicos amuletos giratorios, vi la proximidad de cada una de las partículas del aire y se me congeló la sangre, absorto fui situando mi atención en las irradiaciones de un campo energético inexplorado en mi consciencia, velado por mi conocimiento.
-( A pesar de que la ciencia constantemente propone estas odiseas, la experiencia resulta a veces perturbadora, sin omitir aquellos que solo postulan teorías, números y resultados, aquellos que juegan a conjeturar la inmensidad del mismo Universo tendrían miedo si se perdiesen en él)-. El trance psicodélico había terminado con un colapso nervioso. No podía lograr equilibrio, el vértigo me llenaba de preguntas instantáneas. Si bien el aire estuvo por una mínima fracción de segundo resplandecido, había podido percibir la totalidad del vacío que las contenía sin tocarlo, millones y millones de puntadas conformaban el paisaje de mi entorno, cada unidad de materia desaparecía tras puntos y espacios tan pequeños y tan incontables, tan llenos y tan vacíos, que podía ver a través de ellos, el mismo vacío que los contenía. En primera instancia simulé, tonto de mí, haber sentido un agotamiento mental, complementado con una mala alimentación y como consecuencia inmediata, una disminución de mi presión sanguínea.
Durante toda esa noche no logré disuadir las preguntas naturales que mi mente se hacía. ¿Había podido percibir la energía tal como fluye, sin nuestras intermediarias sensaciones ordinarias?, ¿Había logrado evadir la efímera realidad que existía en ese tiempo y espacio, e internarme en otra aún más súbita pero quizá mas real? De pronto se había abierto para mí las puertas de la percepción, en un instante sin saber como, estuve suspendido en mi pequeño Universo mental.
El mediodía se presentaba caluroso, como un presagio, la tarde quemaba el pavimento. Tomé un taxi que estaba estacionado frente a las puertas del espléndido Palacio. El rostro del taxista me hizo recordar una película de Quentin Tarantino, pues, una enorme cicatriz fraccionaba su cara como una enorme red en una cancha de tenis. Sin perderme en el asombro, rápidamente pedí que se dirija hasta la 5ª Av., pasando la colosal estructura edificada en el siglo XIX, que funcionaba como biblioteca estatal. La ciudad se revelaba aburrida, ruidosa y con un toque de ordenada mugre sobre la acera. Pagué al hombre el viaje y me encontré frente a la morada de mi amigo el Doctor W. Quisley, a quien pasaré a llamar Wesley.
Lo encontré un tanto afligido, el acelerador de partículas sufría inconvenientes mecánicos por lo que su ensayo había tenido que ser cancelado, y reprogramado hacia finales del año. Su aspecto, a pesar de su descontento, manifestaba su extensa labor. Como buen científico, evidenciaba noches de vigilia y experimentos, falta de aseo y como perdido en una dimensión oculta, embriagado de tensión y paranoia. Sus palabras eran veloces y confusas, en un segundo logró decir lo que yo diría en una hora. Alegaba haber encontrado la manera de suspender la antimateria en su estado natural dentro de una esfera, y estudiado la composición atómica de esta. Logré entender que, el choque entre la materia y la antimateria en lugares con un campo magnético relativamente potenciado, evidenciaba la forma y la estructura de una dimensión experimental en donde el tiempo era capaz de extenderse y contraerse, donde el vacío era parte de la materia y de la antimateria a la vez, y todo, absolutamente todo era energía en diversos estados de desmaterialización completamente insospechados, destellos de partículas fluyendo dentro de esta extraña dimensión.
Su relato y toda su explicación científica me exhibía un mundo totalmente confuso y maravilloso. Se había extendido horas, yo solo me limitaba a escuchar y observar, sin cuestionamientos. Creía que Wesley podría ayudarme a entender lo que había atestiguado la noche anterior, y de alguna manera percibía todos sus avances como una pieza fundamental de comprensión sobre el funcionamiento de nuestra cognición.
Me dijo hipotéticamente que yo había tenido una experiencia reveladora, había logrado romper con mis esquemas mentales, y sumergido fugazmente, y suspendido por encima de la elasticidad del tiempo, como los antiguos brujos, dejando fluir a través de mis sentidos, una realidad heterogénea, materializada por mis sentidos, observando el curso de la energía creadora del Universo, estado al cual es posible llegar con la ingestión de ciertas plantas alucinógenas. Me dijo también que en esos segundos en que duró mi experiencia, había hecho trizas la dimensión ordinaria, me había convertido en un haz de luz, sin materia ni tiempo. En mis años como científico, las investigaciones Albert Einstein sobre la posibilidad de fluir a la velocidad de la luz, hicieron que despertaran el asombro sobre la eventualidad, incomprobable, de manifestarnos a dicha velocidad, la teoría carecía de contundencia, no nos era posible alcanzar dicha velocidad debido a una inestabilidad que se presenta sobre el volumen y la masa de la materia que alcanza el grado de luz, sin tener en cuenta el tiempo. A estas alturas creo que el viaje no nos es posible a través del cuerpo, pero ¿Es necesario nuestro cuerpo para viajar a través del infinito?, creo que hasta ese entonces no se había considerado a la mente como un medio capaz de transportarnos, no necesariamente de manera material, a la velocidad de la luz o quizá mas allá de ella.

Nota: Este cuento se dividirá en dos partes

G. F. Degraaff

Nadie ha visto nevar desde el cielo (IV parte)

La desesperante condición del niño hacía que los médicos le inyectaran vitaminas y tranquilizantes. Pero el niño tenía un propósito.
Esta es la última carta que escribió:

Querida Madre, querido Padre:

Desde la formación de mi consciencia, y la alteración de mis etapas psicológicas me hallé consolado cálidamente con la energía de sus almas, lamento igualmente ser víctima de una neurosis que no me deja en paz. He sido capaz de pretender una realidad que no me correspondía. Con tal intensidad opté por olvidarlos como en recordarlos. He sido el mercenario de los sentimientos, en la meridional tierra del Mesías he fallado en ambos intentos. Jamás conquisté mi reino, sino que él se ha rebelado contra mí. Me han puesto ante los ojos del gran maestro y nunca estuve listo para hacerlo. Tú, madre, esmeralda del cielo del ocaso, tú padre, luna llena del desierto, me han abandonado. Busqué los sellos de sus pies, busqué sus huellas... Quizá he dado con ellas. Del gueto de mis antepasados quise salvarlos, entiendan ahora tal fracaso. Nunca me han dejado. Un hombre me cedió su mano, hoy le vuelvo la espalda. He sido esclavo de mis palabras como afirmaba el griego, he sido rechazado, no han reconocido mi virtud como a los impresionistas franceses. Ni siquiera he sido comprendido, pero me basta, Artaud o quizá Van Gogh tampoco lo fueron. Mi mocedad no impidió mi valentía. Les regalé mi alma, les dejé mis vivencias antes de ser absorbido por el oscuro mar de la consciencia. Ahora puedo ser libre. Ahora voy a buscarlos con la pena en el alma del amor insuficiente de la humanidad, con la simple condición de un no ego. Sin ropajes que cubran mi cuerpo, sin máscaras que cubran mi rostro, sin nada a que renunciar. Ahora. Voy a buscarlos.

Habían hallado el cuerpo del niño luego de seis horas, cuando el momento del desayuno matinal se alzaba junto al sol naciente. Con la pluma incrustada sobre su pecho, sobre su corazón. Entre cientos de hojas que hoy nadie recuerda.
Pues esa es la condición del Gran Maestro, dejar sus huellas solo en los corazones. La pluma solo es una herramienta.

Gabriel F. Degraf

Nadie ha visto nevar desde el cielo (III parte)

Una calurosa noche de verano, el niño cenaba misteriosamente en silencio, envuelto en una profunda angustia. Su padrastro bien conocedor del temperamento del niño no tuvo remedio en preguntar las razones de su abatimiento. -¿Qué te sucede hijo mío? preguntó con cierto temor. Silenciosamente el niño levantó su rostro y las lágrimas irredentas brotaron desde el vacío. -Hoy... mi madre cumpliría años. Los gemidos del niño se hicieron imparables y estalló en él el recuerdo de su madre. La sentía cerca, la extrañaba, la quería estrechar entre sus brazos con la fuerza de su alma, invitarla a leer alguna de sus poesías, que empapadas de cariño dedicaba a su memoria.

Conjuro a las nieves eternas,
La bendición de las perlas blancas
Madre de los colores del firmamento,
Alba de estrellas pacíficas.
Conjuro tu dicha, a cambio de mi fuego,
Que quema los baldíos de la soledad infinita,
Que quema las hojas de vientos antaños.
Volátil tu mirada hipnotiza,
como el rumor de un sueño misterioso,
viajante de nobles laberintos.
En tus manos una rosa marchita
de alguna pradera en ruinas,
de algún valle silencioso.
Aclamo entre pétalos heridos
el regreso de mi sutil adicción,
de la oscura estratagema
de tu panegírico ilustrado.
Diosa querubín alabada,
adorable suscitadora de magia,
poseedora del Universo.
Alada mía,
Basta contemplar un segundo,
(alardeada belleza impregnada)
tus ojos de inocencia divina,
observo un segundo
el cielo de tu recuerdo...
madre,vida.


Cada año, la ambición de crear la mas bella poesía para su madre se había convertido en la tarea mas ardua del niño. Trabajaba en sus obras pero dedicaba su energía a dar a luz a los versos mas hermosos, a utilizar eficientemente sus metáforas, a llenar el vacío que la falta de su madre le había legado, a través de mágicas palabras que la revivieran aunque solo un instante, en su memoria.
Habiendo sucumbido a su poderosa obsesión de reinventar la poesía, de revivir a su madre a través de sus maravillosos relatos, el niño se sentía perdido. Había abandonado la escuela luego de dos años de intensos esfuerzos, para internarse en su habitación intentando encontrar aquella piedra filosofal que traería a la vida a su madre y a su padre, que los reuniría en la eternidad, basándose en la imaginación y en el poder de las palabras. Cada historia que escribía poseía el latente deseo de estrechar sus brazos. Habíase perdido en la semilocura del artista. Su padrastro no tenía ya acceso a su vida. Vivía en penumbras escribiendo en silencio. La fuerza que tenían sus actitudes habían destruido la influencia de aquel hombre sensible que cuidaba de él. Ya no acataba órdenes, era un pequeño solitario. Con la intensa voluntad de un líder.
Cierta vez su padrastro destrozó la puerta de su habitación temiendo que después de dos días sin comer se hallara en un crítico estado mental. Al encontrar al niño sentado entre miles de hojas escritas por su pluma y casi sin fuerzas, decidió internarlo en un asilo para niños con problemas mentales. Decisión que repercutiría en el niño haciéndolo inaccesible. Sus recuerdos habían estado consumiendo su mente, su pequeña mente que esperaba aún encontrar a su madre entre las personas que caminaban cerca de su ventana en la habitación del hospital mental del pueblo. Su padrastro intentaba hacerlo volver en si. Los médicos intentaban recuperarlo. El niño tenía un propósito. Habían aceitado todas las puertas de hospital para evitar el chirrido que hacían. El niño solo pedía agua. Ya no hablaba.

Nadie ha visto nevar desde el cielo. (II Parte)

Una noche en que la nieve ondulaba el techo por la presión, escuchó a su madre sollozando entre lágrimas, con una mezcla de ira e impotencia, con desesperadas palabras inaudibles, con el enloquecedor ruido de las máquinas de una cercana fábrica que formaban entre las pausas silencios desgarradores.
Cierta mañana al despertar, sin su madre que había salido a su trabajo, el niño emprendió un viaje por el vecindario, preguntando si alguien tenía un empleo que ofrecerle. A cada puesto de diarios el joven se ofrecía como ayudante, en cada restaurante, en cada taller, en cada fábrica. Entre risas maquiavélicas, comentaban, -Eres muy joven para las tareas que necesito, o más bien, ¡Lárgate niño!, este es trabajo para un hombre. Al caer la tarde, presuroso por llegar a su pequeña choza antes que su madre, con el ánimo por el suelo por la incapacidad de ayudar a su protectora, se encontró frente a la puerta de un pequeño taller de carpintería. -Preguntaré aquí. Pensó un rato si no había ya preguntado antes por una vacante, y al estar seguro que no, cruzó el umbral y se dirigió hacia la parte trasera del galpón. Con algo de timidez y de torpeza preguntó al carpintero si podría ayudarle en sus tareas a cambio de algún dinero. El carpintero ante la vergonzosa expresión del niño lo invitó a acercarse. -Ven niño, acércate. El era un hombre robusto, increíblemente alto y fuerte, pero con la sensibilidad de un poeta, de firmes palabras, pero de suave expresión. Y esta sensibilidad es la que hizo que el niño comenzara como ayudante. El le pagaría el almuerzo y la merienda y unos cinco pesos por día. A cambio el niño aprendería el oficio y lo ayudaría en todas las tareas.
Al regresar a su casa desbordado de alegría y encontrarla vacía, un gran temor se poseyó de él inmediatamente, alterando su hermosa sonrisa. Sabía que su madre siempre llegaba temprano y por nada del mundo lo dejaba sin aviso ante la necesidad de quedarse algunas horas más en su empleo. Nervioso se echó a correr por el camino que llevaba a la lavandería, con lágrimas en los ojos que ahogaban el pecho entre respiraciones cortas y agitadas. Al ver a la ambulancia en la puerta de la lavandería, su espíritu se desplomó. Corrió manteniendo el aliento y se abrió paso entre las personas que husmeaban en la entrada. Sobre una camilla el rostro pálido de su madre le golpeaba el alma. Había muerto súbitamente. No existía explicación. Su tristeza la había consumido. Su alma no soportó mas la lejanía de su hombre, y fue en su búsqueda. El pequeño estalló en desesperación, -¡Madre! ¡mamita!, ¡despierta ya!, ¡vamos! he encontrado un empleo, ¡ya no seremos pobres!.

Durante semanas, cargó la enorme pérdida de sus padres sobre sus hombros, lloró inconsolablemente noche tras noche, el mundo parecía caer como mil espadas sobre sus pequeños hombros que apenas soportaban su trágica existencia.
El carpintero compadecido decidió adoptarlo como su propio hijo. No podía concebir que la vida de un niño quedara destruida para siempre. Que aquel sensible niño terminara huérfano vagando por las calles a merced de las tinieblas que rodeaban las frías y violentas noches. Tanto por los peligros que corría como por la escuela que tendría. Lo obligó a trabajar incesantemente. Entre lágrimas momentáneas y estallidos de ira, había aprendido a manejar las herramientas y a elaborar cualquier mueble siguiendo rigurosamente los planos de su construcción. Parecía haber nacido para el oficio. Al poco tiempo era un gran carpintero. Hasta daba las órdenes a los nuevos aprendices, que con aplomo consentían los mandatos del niño. Había obtenido un gran temperamento, una gran disciplina, se había vuelto rígido, frío y estricto en su deber. Pero por dentro seguía siendo el niño sensible que esperaba a su madre cada vez que una puerta de chapa rugía para abrirse. El carpintero había vueltose un padre para él, lo respetaba, lo amaba, lo miraba con el brillo especial que poseen los ojos de un niño que admira profundamente, que desea abrazar con toda el alma, que necesita el calor de los brazos prójimos.
Al terminar la jornada laboral, el niño ayudaba a su tutor a ordenar y limpiar, a preparar el taller para la jornada siguiente. Ayudaba a preparar la cena y pronto se acostaba para su tan anhelado descanso. Todo en completo silencio.
Una mañana, el carpintero despertó al niño llevándole una taza de té con tostadas a la cama, lo sorprendió susurrándole al oído,
-¡Despierta niño príncipe, ha llegado la beca!
Beca que esperaba ansiosamente, que le permitiría comenzar a estudiar literatura en la escuela del pueblo. La invalorable expresión de su rostro entre risas y lágrimas estremeció la piel compasiva del hombre, que entre abrazos y besos predijo el nacimiento del escritor mas reconocido del todo el país. -¡Hijo! serás el artista mas fabuloso del planeta! las palabras de aliento tan necesarias para el joven eran
el manantial de amor que tanto necesitaba. Ese día trabajó alegremente, contó a todos y cada uno de los empleados del taller la suerte que había tenido y que sin dudas sería el escritor más grande de todos los tiempos. Se mostraba locuaz, veloz y lleno de ternura, dedicaba abrazos exquisitos a aquellos que formaban una familia dentro del taller, explotaba entre el caos de sus emociones, sumergía su sonrisa en los corazones de aquellos hombres.
Estudió y trabajó incesantemente, la energía vital del niño comenzaba a crecer entre las ansias de conocimiento y la firme promesa que había profetizado. Año tras año, su capacidad aumentaba, su erudición sorprendía a cada uno que lo conocía. Con sólo diez años de edad era capaz de escupir belleza en cada ademán, en cada gesto, en todas sus palabras el lenguaje gozaba de dichosa fidelidad. Se dedicaba a escribir por las noches mientras su padrastro le servía la cena y lo admiraba secretamente, mientras su concentración lo hacía embellecer y volar en su arte.